Locuras en una licuadora humana

En este sitio encontrarán alucinaciones, delirios y todo tipo de banalidades creadas por una mezcla de los tornillos que faltan en mi cabeza y una dosis de extranjería inevitable... Ríanse y sepan que todavía existo. NOTA IMPORTANTE: No me hago responsable de palabra alguna publicada en este sitio.

9.10.06

Esta tarde


Vivir y vivir, y querer darlo todo cuando no se tiene nada más que ganas de saborear el mundo. Creer en la posibilidad de hacerlo todo en un segundo y sentirse satisfecho luego de otro triunfo. Tener el deseo inagotable de querer lo ausente sin dejar de acariciar lo que se tiene. Catalizar cada sentimiento, cada mariposa que cosquillea, inagotable, todo mi interior.

Me enamoro de ti mil veces de nuevo, cada vez que te veo, cada vez que impregnas mis neuronas de la malicia de tus ojos y de tu sonrisa infinita. Tu recuerdo, cada vez que te dejo, se balancea sutilmente en mis más infantiles fantasías, de helados, chocolates y caricias ingenuas. Y en mis sueños toco tu cara y olvido todo lo que anteriormente he vivido y me reinvento una y otra vez creando un cuento distinto a cada suspiro que de tu boca sale acariciando mi cuello… una y otra vez.

Muérdeme; el dolor me hará saber que sigo vivo y podré seguir respirando el olor que desprendes cuando estás a mi lado.

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18.3.06

Luz

Tenemos tanto en qué pensar. ¿Por qué insistimos en evadirlo? Hay tantas ideas que descubrir, tantas historias por vivir, tantas memorias por recrear.

No nos atrevemos a aventurarnos, porque es mucho más sencillo querer siempre lo mismo y olvidar. Y así nos reinventamos del mismo modo cada día con el primer enjuague bucal.

Si dejásemos flotar un poco más nuestros pensamientos, los colores de las cosas cambiarían, los olores serían más intensos, y los roces más sutiles. Deambulando mentalmente, cada momento tiene música; crea una nueva melodía que nos ata en el instante y nos hace sentir lo insensible y añorar lo prohibido. Sólo basta con perderse en un suspiro ajeno o dar de comer a las palomas.

Una tarde me senté junto al estanque del parque. Mi único deseo era deshacerme de lo cotidiano tomando aire fresco. Sin darme cuenta comencé a adentrarme en una coreografía en la que figuras primaverales bailaban en los alrededores con el viento a su favor. Las faldas festejaban el sonido del agua sobre la cañada, dando vueltas en torno a piernas hambrientas de calor y largas caminatas, que en conjunto harían que el año despertara. El agua se llenó de luz, las rosas florecieron en segundos y el sudor comenzó a arroparnos y a tentar al tacto. Pero el Sol cayó, calmando con su despedida los bailes y opacando los colores, devolviéndome a lo mismo de siempre, a la misma tranquilidad insípida del día a día.

Y me pregunto: ¿habrá algo más allá durante las horas de luz?

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